domingo, 19 de septiembre de 2010

ACABAR UNA NOVELA

Detalle de la cubierta de Cornejas de Bucarest, diseñada por Casajordi.

Terminé por fin de corregir Cornejas de Bucarest con la duda de si, algunas novelas las terminas alguna vez o solo la muerte les pone punto final. La empecé hace tres años y medio, en San Juan de Luz, la continué en Bucarest, entre abril y mayo de ese año, trabajé en ella en Bucarest de nuevo unos meses más tarde y en Valparaíso, ya en 2008, y finalmente, después de varias versiones, la he dado por terminada ahora.
La había títulado Un gamberro en Bucarest y subtitulado “guiñol burlesco”, hasta que me he dado cuenta de que me refiero a asuntos, como el Holocausto judío en Rumanía, que admite mal la burla del guiñol. Lo mismo por lo que se refiere a nuestra historia civil y a qué chirrión han ido a parar los ideales de los de mi generación, si es que alguna vez los tuvimos de verdad, y a la voracidad del sistema neoliberal que en Rumanía es de traca.
También dije que se trata de una ensoñación autobiográfica. No lo sé con certeza. Aquí los que deciden son los especialistas que saben más mucho más que tú de lo que haces o dejas de hacer, y sobre todo de cómo es tu misma vida. Dejémoslo.
Hace veinticinco años, cuando empezaba a escribir y publicar, sentía una satisfacción enorme cuando terminaba una novela, sabiendo además que iba ser publicada y apoyada. Ahora, dieciséis novelas más tarde, o más viejo, las termino con la incertidumbre de si será una novela (dejémoslo en artefacto narrativo) fallida y pensando en la suerte que va a correr, a juzgar por la que han corrido las anteriores.
Aún así ya estoy pensando en la próxima, esa en la que estuve trabajando en mi último viaje a Bolivia. Si el narrador se pregunta qué puede hacer cuando ve que todo va de capa caída y cuando siente el desfallecimiento de la escritura y ve su propia vida como uno de aquellos descampados bucarestinos sembrados de viejos escombros, y no sabe cómo responder al dilema que plantea Garcilaso en su verso “mi vida no sé en qué se ha sostenido”, mi respuesta es esta: las próximas páginas, el próximo viaje.

Lectura de las primeras páginas de Cornejas de Bucarest.

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