Corren días de arrepentidos, o de algo que se le parece. No se qué es más difícil, si perdonar a quien ha matado a tu padre, a tu hermano o a tu hijo, o seguir militando en ETA, o en sus aledaños, después de que la organización terrorista o tus ex compañeros de armas asesinara a alguno de los tuyos. En esa ciénaga de olvidos, silencios, peticiones de perdón tardías y oportunistas por fuerza, más reclamos de justicia que enmascaran venganzas ineludibles, al paisito le quedan por delante décadas de ciénaga en ebullición hasta conseguir construir una sociedad de verdad habitable entre verdades como puños, consignas, revelaciones, mentiras, medias verdades y sacrificios diversos... y recuentos de la historia, cada cual a su modo. Hay mucha tela que contar: toda la tela. Por el momento esa tela se guarda en el arca de las tres llaves, la de los dineros, las honras, las memorias sacralizadas, junto al no decir, al no abrir la boca más que con permiso de la autoridad competente, a su antojo y conveniencia. Todos víctimas y a la vez verdugos, pero sobre todo víctimas.
domingo 25 de septiembre de 2011
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