sábado 24 de septiembre de 2011

BAYONA DESIERTA



ESTA mañana fui a Bayona, a lo de cumplir con el vicio de comprar libros, y me encontré con una ciudad tan tancada como desierta. No era ninguna fiesta patronal ni tampoco patriótica, de esas en las que los que tienen mala reputación se quedan en sus casas tumbados en la cama. Un rugido pavoroso que salía de un antro tabernario me ha aclarado el motivo por el que esa ciudad de bullicioso mercado sabatino estaba desierta a lo Rohmer (o a alguno de esos, qué más dará a cuál, uno de los que enseñan calles desiertas como si estas tuvieran más miga de lo habitual): el XV de Francia jugaba mañanero contra Nueva Zelanda. Estaba mustio hasta el mercado, y eso que ya ha empezado el otoño y al menos de los colores y las luces no puedes quejarte. Solo el concierto alternativo de silencios y berridos. El rugby en el País Vasco francés es algo serio. Gilbert Arragon, el librero, tenía cerrada su librería tan a cal y canto que parecía se hubiese ido para siempre. Cualquiera será otro día. Y lo del ni el día ni la hora vamos a dejarlo para otra ocasión, que como divisa de caballería no está mal, pero como cencerrada se las trae.