Me he acordado de él estos días que he visitado a Antton Basurde, un viejo amigo de la infancia, viajero varado y comerciante de viejorrerías en la calle de San Prudencio o de los Peregrinos.
Y es que ese pequeño barrio tiene abiertos hasta muy tarde en la noche, en las del otoño-invierno sobre todo, algunos comercios cuyas vitrinas la iluminan a trechos.
Leo hoy en viejas líneas subrayadas de la Autobiografía de G. K. Chesterton en las que habla de North Kensignton y dice que el barrio tiene "las cosas esenciales de la civilización: una farmacia, una librería, una tienda de comestibles y un bar. Y por último, para gran regocijo mío (...) una pequeña tienda de antigüedades", la que Basurde abre cuando quiere y mejor le parece.
1 comentarios:
Vaya, vaya, así que esta pequeña tienda de viejorrerías es la de Antton Basurde. En ocasiones he tenido la sensación de que era irreal. A veces estaba y otras, no. Aparecía y desaparecía.
Esta bien eso, porque me provoca la satisfacción del hallazgo: ¿Desde cuándo está aquí? Entre dejavú, logro y despiste mío. Nunca he entrado, no sé si por pereza o por miedo a que pierda encanto.
Me recuerda a las tiendas de antiguedades, cuidadas y pero baratas, con trastos de uso y no de adorno, que encontraba en Inglaterra, Escocia o incluso ex URSS.
Miguel, ¿Cuándo se llamó calle de San Prudencio? Lo de antigua rúa de los peregrinos, sí. Lo conocía. Pero ahora durante todo el tramo se llama calle del Carmen, ¿no? Desconozco estos detalles. Si sabes más, me encantaría conocerlo.
Un fuerte abrazo.
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