La Mari-Blanca, obra de Paret, me recuerda la auctoritas destemplada de aquella mujer joven que ya será vieja, y me parece el ejemplo más acabado de la arrogancia que gasta la casta académica cuando convierte su parcela de conocimiento en un cortijo, keep out, en una pica en Flandes. Lo que yo ignoro no puede saberlo nadie. Ese es el gran secreto de la gente docta.
domingo 2 de octubre de 2011
LA MARI BLANCA
La Mari-Blanca, obra de Paret, me recuerda la auctoritas destemplada de aquella mujer joven que ya será vieja, y me parece el ejemplo más acabado de la arrogancia que gasta la casta académica cuando convierte su parcela de conocimiento en un cortijo, keep out, en una pica en Flandes. Lo que yo ignoro no puede saberlo nadie. Ese es el gran secreto de la gente docta.
Etiquetas:
Luis Paret y Alcázar,
Pamplona
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